Con la expectativa y el entusiasmo que siempre genera una nueva presentación de nuestra Sinfónica de Torrevieja bajo la dirección del maestro José Francisco Sanchez, al fin hemos experimentado el comienzo de la temporada de conciertos. Vale la pena sorprenderse positivamente, al presenciar una verdadera fiesta para el oído, más aún cuando la espera se vio obligada por las tristes consecuencias ocasionadas por el Covid19.

El alto nivel de rendimiento, al que la OST había acostumbrado desde hace ańos a los aficionados de la música clásica, se consolidó ya en la primera parte del concierto inaugural, al transportarlos a la dimensión de encanto, que el famoso compositor ruso supo recrear con precisión. Los cuatro movimientos de la “Serenata para Cuerdas” Op 48, de P. Tchaikovsky sonaron con elegancia, esbozando apropiadamente los cuadros característicos. El maestro Sánchez dirigiendo las cuerdas de la OST ofreció una sonoridad plena y de calidad muy conmovedora.
Ciertamente, la actuación fue apoyada por la fabulosa acústica del Auditorio, aunque eso sólo en aspecto de recepción, ya que tanto técnicamente cómo musicalmente las cuerdas de la OST impresionaron con muy buena forma, vigor, gracia y acertada interpretación de los detalles. Los intérpretes revelaron toda la belleza de la obra, su frescura y encanto, exquisitas líneas sonoras del “Vals”, profunda expresión de amor en la “Elegía”, e inspirado con el folklore ruso “Finale”. La ejecución de la Serenata fue verdaderamente exquisita.

En la segunda parte del concierto, al caer una cascada de sonidos por el cambio completo de registro, los espectadores se quedaron prácticamente secuestrados. Con la interpretación de la Sinfonía no 7 de L.van Beethoven, considerada como la más rítmica, enérgica y arrolladora de las nueve del compositor, ya a partir de la exposición del tema principal por los metales, la sonoridad se hizo más expansiva. Luego, el Allegretto sonó muy grave por la incidencia rítmica de los cellos y bajos, cuya presencia hemos podido apreciar durante todo el movimiento. En el segundo tema los instrumentos de la madera hacen la marcha fúnebre aun más solemne. Los últimos dos movimientos fueron una muestra de total vitalidad.

Durante la ejecución del fantástico Scherzo y el Allegro con brio final, la Orquesta de Torrevieja bajo la batuta del maestro Sanchez sonó siempre empastada, donde la sonoridad emanaba desde cada grupo músical de la orquesta, pero en forma especial quisiera mencionar las intervenciones del oboe y flauta, como también de las trompas y los timbales.

Un Tchaikovsky exquisito y un Beethoven electrizante se equilibraron en un concierto en el que no faltaron los aplausos. Lo único que faltaba era complacer a la audiencia con una propina. La repetición del Final Allegro con brio de la “Séptima” concluyó la solemne celebración del 250 aniversario del nacimiento del gran compositor Alemán.

¡Bravissimo maestro J.F. Sánchez y la Orquesta Sinfónica de Torrevieja!

Fuente de la información: objetivotorrevieja

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